¿Cuánto pagarías por saber qué es lo que sientes?
Tristeza, desesperación, coraje hacia mi misma. No se que demonios me sucede. He estado llorando toda la tarde en intervalos irregulares. Se que este llanto es debido a todo esto que tengo dentro de mi, pero que no se en verdad como explicarlo y mucho menos como manifestarlo. Hoy es uno de esos días en que estas molesto con todo el mundo pero en realidad nadie tiene la culpa. Sabes bien dentro de ti que por más que intentes culpar a alguien, no podrás hacerlo realmente ya que eres tú el único y verdadero responsable de ese extraño humor.
Pero este mal humor no sólo llegó de la nada el día de hoy y lo sé bien. Esto es el resultado del embotellamiento de pequeños males humores anteriores, a los cuales no les presté atención en su debido momento porque incluso hasta para ellos estaba demasiado ocupada.
¿Qué tanto tiempo se requiere para prestarle atención a una pequeña molestia? No hay duda que son tantas las cosas que se juntaron que sinceramente ya no se que es lo que me molesta. Ver la televisión me molesta porque en realidad no hay nada que me interese, leer me pone a pensar lo cual hace que me ponga de peor mal humor. Salir me molesta y estar dentro me molesta. Me molesta cambiarme de ropa, me molesta permanecer en pijama, me molesta peinarme y también me molesta bañarme, estar o no maquillada me da igual. Sin importar lo que haga, este estado de ánimo está adherido a mí. Este humor hace cegar mi “sano” juicio. No quiero ver gente porque me irritaré con facilidad y no quiero discutir por una tontería con gente a la que en verdad aprecio. Sin embargo, tampoco soporto estar conmigo misma. Yo, yo, yo…
Hablo todo el tiempo y mucho, estoy muy conciente de eso, pero eso no significa que sea lo único que necesito. En ocasiones me gustaría salirme de mi misma. Salir de mi mente, mi alma, mi espíritu o aquello que sea esta maldita voz en mi interior. Sí….en verdad quisiera salirme de esta vocecita porque sinceramente estoy harta de mis monólogos. Me pongo a pensar entre las cosas más banales y las más trascendentales unas tras otras. Lo hago tan seguido que suelo confundirme entre cuáles son cuáles. Pero lo peor de todo es que no sólo me preocupo de lo que sucedió, sucede o sucederá conmigo y mi gente, también pienso en la vida de la gente a mi alrededor: gente nunca más veré en mi vida fuera de estos eternos viajes en autobús de México a Puebla o de Puebla a México.
Estos análisis interminables, ridículos, inservibles, agotadores, incoherentes y que sólo dan como fruto más monólogos interminables del mismo tipo. Quisiera experimentar ser alguien más aunque sea por breves momentos. Quisiera saber si lo demás o si al menos alguien más se cuestiona tantas cosas. No tienen que ser necesariamente lo mismo que yo me macheteo o ni siquiera cosas similares, tan sólo quisiera saber si alguien más o preocupa por otras cosas además de las cosas cotidianas ya establecidas.
Esto, lo diré una vez más porque tal vez nunca me canse de decirlo mientras siga pensando que este es el motivo de mi inestabilidad: pienso demasiado. Y al hacer este último juicio, no me refiero a que sean cosas en verdad valiosas para la ciencia o el estudio. Simplemente pienso demasiado y en demasiadas cosas a la vez. En verdad llega a ser agotador (carajo, no puedo ni siquiera escribir esto sin tener presente en estos momentos toda una revuelta en la mente…me siento mareada). Pues si, tal como decía, pensar mucho es agotador pero al mismo tiempo me gusta mucho ser como soy (ahora ven a que me refiero, es aquí donde entra la contradicción…). Me quejo con suma frecuencia de pensar demasiado, pero si tuviera la opción entre pensar demasiado o hacer que todos los hechos de mi vida se me resbalen de la conciencia…sin pensarlo demasiado ( aunque ya sabemos que de todos modos no sería así) elegiría la primera sin duda alguna.
Y bien, después de todo esto he llegado a la simple y mera conclusión de que sigo sin saber que es aquello que me molesta. Ya intenté echarme la culpa, lo cual no fue totalmente fallido, aunque se que no es mi culpa totalmente, pero al menos mi mal humor se ha apaciguado. Ahora sólo me queda un leve dolor de cabeza, un nudo en el estómago, unas nauseas horribles y tener que bajarme del bus para tomar el urbano al centro del mundo.